FSC-CCOO Andalucía | 25 marzo 2026.

Artículo 7, CCOO, y el poder de lo colectivo

    Hoy más que nunca, la sociedad necesita posibilismo para atender el presente y mirar al futuro. CCOO es quien puede y debe atender esas necesidades, quien puede construir poder colectivo para crear, entre todas y todos, respuestas colectivas.

    25/03/2026. Lucho Palazzo Gallo, secretario general de FSC-CCOO
    Artículo 7, CCOO, y el poder de lo colectivo

    Artículo 7, CCOO, y el poder de lo colectivo

    Últimamente, en la mayoría de ocasiones en las que paramos, frenamos la rueda en la que estamos metidos en el día a día y nos salimos de ella para ampliar el foco y mirar la realidad que nos rodea, lo que encontramos suele ser ciertamente desesperanzador. Hace falta rebuscar mucho entre esas policrisis que estamos viviendo, en el que a las transformaciones estructurales se le entrelazan determinados shocks o crisis, para encontrar algún halo de optimismo. En los últimos años hemos vivido la pandemia de covid-19, tensiones geopolíticas, desastres naturales, disrupciones económicas, guerras, así como el auge de posturas de extrema derecha y tecno-autoritarismos. Y es que, lo que ocurre en el mundo, genera además de un efecto y un impacto directo sobre nuestra sociedad, sobre nuestra economía y sobre la clase trabajadora. En definitiva, vivimos una incertidumbre persistente.

    A este contexto, debemos añadir dos factores para el análisis: por un lado, el individualismo característico del capitalismo contemporáneo. Esa idea que en pleno siglo XX se fue inoculando entre la ciudadanía: el “si quieres puedes”, aderezado con la “cultura del esfuerzo”, acompañado de la creencia sobre el acceso de las clases medias a “pisos superiores” a través de ascensor social, ha derivado en que mucha parte de la población con esa idea ya arraigada perciba intencionadamente que la democracia, y el Estado como garante de esas reglas de juego, les han fallado.

    Por otro lado, la evolución de la digitalización y la explosión de las redes sociales a partir de 2010, presentadas desde su nacimiento como adalides de la interconexión global y de la generación de un espacio democrático, en el que cualquier opinión iba a ser visible —considerándose incluso como “plazas públicas”—, han sido el gran truco creado por los “magos de oz” de nuestra época. Nos envuelven en una realidad totalmente individual del mundo, retroalimentada de nuestras propias visualizaciones —el poder de los algoritmos— y nos dirigen hacia un incremento exponencial de polarización social. Inmediatez, noticias falsas, viralidad de contenidos, bots, manipulación emocional para continuar consumiendo, agitadores o deepfakes, entre otras, son las principales características. Además son un canal idóneo para el auge de los pseudomedios y su generación de desinformación. De hecho, las opiniones presentadas como hechos fácticos son el abecé en esta “ciudad esmeralda” que han creado.

    Estos son solo algunas de las dimensiones que configuran la realidad poliédrica y, sin duda, todas ellas nos sitúan en una tormenta perfecta. Perfecta para aquellos grupúsculos que crecen a costa de ofrecer soluciones simples a problemas complejos. Para aquellos que utilizan el populismo y alternativas autoritarias para atajar esa inseguridad. Para aquellos que quieren imponer un nuevo orden y acabar con los consensos en torno a los marcos multilaterales de entendimiento y reglas democráticas. Para aquellos que se han encargado de sembrar semillas para fomentar descrédito, desconfianza, desafección y desconexión entre la ciudadanía y los sistemas de intermediación (partidos políticos, instituciones, organizaciones sociales, en definitiva, la estructura estatal). Para aquellos que quieren cambiar las reglas del juego porque consideran que necesitan más márgenes de poder y estas no se lo proporcionan.

    Antes hablábamos de desánimo, pero hay rayos de esperanza entre la tormenta perfecta. Hay organizaciones, instituciones, personas, que continuarán defendiendo la historia construida colectivamente. Es ahí cuando la tormenta deja de ser para “aquellos” tan perfecta, entrando en juego el posibilismo, el “no está todo perdido” y el “sí se puede cambiar el rumbo en favor de la ciudadanía”. Es ahí cuando entra en juego CCOO.

    El movimiento sindical ejerce un papel transformador en las sociedades. En el mundo del trabajo, CCOO actúa para embridar las reconfiguraciones profundas de los modelos productivos, la digitalización y su impacto en las condiciones de trabajo, la reorganización de cadenas de valor, la fragmentación de los lugares de trabajo, los flujos demográficos, el empleo, la interacción de las policrisis y, en definitiva, para generar conciencia de las dinámicas de poder en el lugar de trabajo y reequilibrarlo en favor de la clase trabajadora.

    Pero CCOO también despliega el poder transformador desde una perspectiva social y política porque, efectivamente, el sindicato puede interceder socialmente en los asuntos públicos con el objetivo de mejorar la vida de la clase trabajadora de este país. Pero no solo tiene la posibilidad, sino que mucha gente desconoce —y es nuestro deber transparentarlo— que CCOO tiene un mandato constitucional. El sindicato y su papel está recogido en el Artículo 7 de la Constitución española, más concretamente en el título preliminar (artículos del 1 al 9), donde queda reconocido como principio constitucional básico, y dice:

    “Los sindicatos de trabajadores (…) contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

    Por tanto, la Constitución otorga a CCOO un papel exclusivo frente a otras asociaciones para defender los intereses económicos y sociales en la representación de las personas trabajadoras más allá de las que están afiliadas, para ejercer la negociación colectiva, crear acuerdos con rango de ley que determinan condiciones de trabajo y para convocar huelgas de acuerdo con su representatividad. Capacidades todas reguladas en posteriores artículos de la Constitución y en otras fuentes de derecho complementarias —normas europeas, de la OIT, Estatuto de los trabajadores, Ley Orgánica de Libertad Sindical, Ley de Prevención de Riesgos Laborales, y un larguísimo etc.— que han permitido generar un marco histórico normativo en el que la labor del sindicato es clave.

    Esto es precisamente lo que desde CCOO tenemos que reivindicar. Lo que tenemos que poner en el centro y lo que la clase trabajadora debe conocer. Lo que debemos evidenciar frente a “aquellos” que tienen intención de generar descrédito utilizando el poder de los algoritmos a través de sus “plazas privadas”, que tratan de dinamitar los sindicatos de clase, de fomentar la desafección a través de la desinformación y los mensajes de odio entre la ciudadanía con el objetivo, en última instancia, de no reconocer nuestro papel constitucional. 

    La sociedad necesita certezas para navegar entre las incertidumbres. Necesita respuestas sólidas y estructuradas ante realidades y problemas complejos. Necesita posibilismo para atender el presente y mirar al futuro. CCOO es quien puede y debe atender esas necesidades, quien puede dar respuestas y defender los intereses de la clase trabajadora.

    Sabemos que, para lograrlo, resulta estratégico poner en el centro el papel del sindicato y su mandato constitucional. Y para ello, aquí empieza el proyecto creado por la Federación de Servicios a la Ciudadanía, nuestro granito de arena. Aquí empieza Artículo 7. Porque CCOO construye poder colectivo para crear respuestas colectivas. Porque somos iNDISPENSABLES ;)

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